No dejemos que nos roben la Semana Santa

Deseamos una buena semana santa para todos, que sea en bien junto a otros en las diferentes actividades, sin dejar que el ego o la parálisis nos robe la posibilidad de vivir una muy buena semana santa.

Según Jesús “no es el que dice señor, señor , sino el que hace su voluntad el que se salvará”, por lo tanto lo que hace santa una actividad no es el nombre sino los intereses que hay puestos en las realizaciones.

Estamos en la previa a la semana con diversos eventos y posibilidades. Y creo que hay tres modos existenciales de posibilidad de vivir esta semana en cualquiera de los eventos: desde el ego, paralizado o comunitariamente. En familia, de viaje, acampados, en festivales, en la vuelta ciclista, en criollas, en celebraciones religiosas podemos participar buscando complacer nuestro ego, o abierto al encuentro con los demás. Hoy también hay el riesgo de “paralizarnos” por miedo o descontento no participando, o estando pero paralizado en lo que ya fue alguna vez…

Hay muchas personas preparándose para la semana santa en diferentes eventos. ¿Cómo me estoy preparando? ¿Para qué? Y ¿Para quiénes? Es una de las semanas de mayor evaluación de nuestro caminar, de nuestro presente y horizonte. – ¿Dime qué esperas de esta semana santa y te diré de dónde vienes, dónde estás y hacia dónde apuntas?…

Desde el humanismo, el artiguismo, el cristianismo también nos tenemos que plantear una pregunta ¿Qué lugar tendrán en mi semana los más empobrecidos, los más débiles, los excluidos, los diferentes? Como cristianos que somos tomamos como referencia y compartimos con ustedes algunas palabras de Francisco el nuevo Papa, que puede ayudar a santificar las diferentes actividades, sabiendo que junto al arroz siempre habrá algo de carpir y alguna plaga, que hay que combatir y saber convivir.

PALABRAS DE FRANCISCO

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor»…

Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia… Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría… La tentación aparece frecuente-mente bajo forma de excusas y reclamos, como si debieran darse innumerables condiciones para que sea posible la alegría. Esto suele suceder porque «la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría». – ¿En que, en quien busco la felicidad?

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros…

– ¿En nuestra vida predomina el consumismo o el compartir, la alegría o la tristeza, lo individual o lo comunitario, el agradecimiento a la vida o la queja, el disfrute o el miedo, soy amigo y solidario de los más empobrecidos o solo busco relaciones con personas enriquecidas?. …

La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. … Las mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien.

Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos. – ¿Cómo anda nuestra comunicación con los cercanos? ¿En qué y como nos vemos integrados a la sociedad? -¿ Qué pasos concretos tenemos que dar para mejorar la comunicación desde nuestra parte – ¿ Y qué pasos hacia un integración con otros debemos realizar?

Siempre el intentar salir de nosotros mismos es costoso y doloroso. El ego es un dictador que no quiere perder su dominio. Muchas veces necesitaremos acompañamientos de otros o ayuda especializada para dar pequeños pasos. Ningún camino humanizante será siempre lineal, siempre habrá que aceptar el error, el desvió e incluso las vueltas atrás, y desde la aceptación, desde el aprendizaje en lo equívoco se puede dar un nuevo paso hacia adelante.

Te deseamos una Buena Semana Santa.

Texto: Nacho Colibrí

 

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